Los refugiados y desplazados internos del mundo entero tropiezan con importantes obstáculos para acceder a la educación, según señala el Informe. Colombia es el segundo país del mundo, con más desplazados internos. Los adolescentes desplazados colombianos de 12 a 15 años que todavía cursan primaria son dos veces más numerosos que los no desplazados de la misma edad. Esto indica que los desplazados ingresan tardíamente en la escuela primaria, repiten curso con mayor frecuencia y desertan con más facilidad.
El reclutamiento en las fuerzas armadas y el secuestro
La evidencia de Colombia ha puesto de relieve la asociación entre el desplazamiento y el secuestro. Grupos armados rutinariamente reclutan niños como soldados y trabajadores en el comercio de narcóticos ilegales, y las escuelas son a menudo los sitios de este reclutamiento forzoso. Un estudio encontró que la edad promedio de reclutamiento era de 13 años. El temor al reclutamiento forzado ha sido identificado como una de las principales causas de los desplazamientos en al menos cinco departamentos (de las Naciones Unidas, 2009d).
El desplazamiento, una barrera a la educación
Los desplazados internos han ido creciendo con el tiempo. A finales de 2009, se estimaba que había 27 millones de desplazados internos en 53 países. Cerca de 11.6 millones de desplazados internos en África, con la República Democrática del Congo, Somalia y Sudán el 72% del total (IDMC, 2010D). Después de Sudán, con 5,3 millones de personas desplazadas, la mayor población desplazada internamente está en Colombia, con más de 3 millones (IDMC, 2010C). En ambos países, los desplazados internos exceden el número de refugiados. En varios países, incluyendo Colombia, Georgia, Sri Lanka y Uganda, el desplazamiento suele durar por muchos años (Ferris y Winthrop, 2010).
Los desplazados internos son menos visibles y más marginados En Colombia existen brechas significativas en la escuela secundaria entre los niños desplazados y el resto de la población. Sólo el 51% de los jóvenes desplazados internos asisten a la escuela secundaria, en comparación con el 63% de los jóvenes no desplazados. La proporción de jóvenes desplazados que todavía está en la escuela primaria en edades de 12 a 15, es casi el doble que para los no desplazados, lo que lleva a una incorporación más tardía, más repitencia y deserción escolar (Ferris y Winthrop, 2010). El hecho de que los afro-colombianos e indígenas se vean más afectados por el desplazamiento aumenta las disparidades nacionales de educación.
Las limitaciones a las oportunidades de educación, una fuente de pobreza e inseguridad
Las personas se unen a grupos armados por muchas razones. Las consideraciones económicas no operan en forma aislada, de tal modo que la pobreza, el desempleo, la hostilidad, el resentimiento y la falta de alternativas son potenciales estímulos para el ingreso a grupos armados. Una combinación de situaciones ha llevado a niños somalíes, de Kenia, Mogadiscio, Afganistán o la República Democrática del Congo a ingresar a las filas de milicias que, cualquiera sea su causa, de algún modo les permiten generar algunos ingresos, alimentos y refugio.
La violencia contra los niños en las escuelas tiene muchos efectos físicos, psicológicos y sociales, y un impacto significativo sobre sus logros. También puede aumentar el riesgo de que los niños se comporten de manera agresiva y participen en actividades delictivas y otras conductas de riesgo (Pinheiro, 2006). Mientras que los enlaces directos son a menudo difíciles de identificar, la evidencia de varios países muestra que la violencia en las escuelas puede llegar a ser parte de un ciclo de conflicto. Uno de esos países es Colombia (Recuadro 3.8).
Los niños y adolescentes que viven en los municipios y barrios con altos niveles de conflictividad violenta muestran niveles más altos de agresión y acoso escolar. Encuestas realizadas en colegios de Bogotá en 2006 y 2007 sugieren que esto ha tenido efectos negativos sobre las relaciones interpersonales, a lo que se suman la rivalidad y la violencia común, las disputas de poder y la competencia por la popularidad asociada con la posesión de dinero, drogas y armas. Al discutir las preocupaciones sobre los niveles de robo, presencia de armas e intimidación en escuelas de Bogotá, un concejal identificó la situación de "defenderse de la violencia por medio de la violencia” como «el principio del paramilitarismo y señaló que el carácter universal de la violencia hace imposible aislar a los estudiantes de la misma”.
Reconociendo que las escuelas pueden ayudar a crear una cultura de paz, el gobierno colombiano ha tomado iniciativas para abordar la violencia basada en la escuela (véase el capítulo 5). - Fuentes: Chaux et al. (2009), Martínez (2008), Villar-Márquez (2010).
Los derechos legales pueden hacer la diferencia – la legislación colombiana sobre los desplazados internos
Con una de las mayores poblaciones de desplazados internos del mundo, Colombia tiene probablemente el más fuerte marco legislativo para proteger a los civiles desplazados y su acceso a los servicios básicos, incluida la educación. ¿Qué tan efectiva ha sido la ley para hacer frente a la crisis de desplazamiento? El desplazamiento ha sido durante mucho tiempo una característica de la violencia armada en Colombia. Más de la mitad de los desplazados son menores de 18 años.
Los esfuerzos para fortalecer sus derechos han sido impulsados por los pronunciamientos de la Corte Constitucional. Bajo la ley colombiana, los niños desplazados son elegibles para la educación gratuita, lo cual ha tenido un impacto positivo. Los datos del Ministerio de Educación muestran un aumento constante de la proporción de desplazados internos entre 5 y 17 años que asisten a la escuela, pasando de 48% en 2007 a 86% en 2010.
A pesar de estos logros, los desplazados internos de Colombia siguen enfrentándose a enormes dificultades. Mientras que gozan de una fuerte protección legal hay aún problemas en la traducción de los derechos nominales en derechos reales. La planificación en muchos municipios adolece de mala coordinación, poca capacidad y en algunos casos limitada voluntad política.
El nuevo gobierno colombiano, electo en 2010, se ha comprometido a reforzar el apoyo pero se enfrenta a considerables desafíos políticos y administrativos. Algunos de estos desafíos se relacionan con las dificultades que enfrentan los desplazados internos en el registro de su situación real ya que a menudo tienen dificultades para demostrar su elegibilidad para programas específicos, incluidos los educativos.
Por otra parte, los derechos legales no eliminan automáticamente los efectos de la pobreza y la marginación. Muchos desplazados internos comienzan la escuela tarde, con altos niveles de repitencia y deserción temprana. Fuentes: Birkenes (2006); Cepeda Espinosa (2009), Ferris (2010b).
La educación como una fuerza de paz
Los conflictos familiares y sociales pueden extenderse a las escuelas en forma de violencia entre los estudiantes. Algunos países de América Latina, incluyendo Brasil, Colombia y Perú, han establecido políticas explícitas en su legislación y han puesto en marcha iniciativas destinadas a enfrentar la violencia escolar mediante la promoción de los valores de consolidación de la paz (Villar-Márquez, 2010). En Colombia, el reconocimiento de la interconexión entre los conflictos armados y la violencia en las comunidades y las escuelas ha llevado a muchos programas de prevención de la violencia a centrarse en el desarrollo de "competencias ciudadanas" entre niños y jóvenes.
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El Informe de Seguimiento de la Educación para Todos en el Mundo es una publicación anual realizada por un equipo independiente y editada por la UNESCO.
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Tomado de: www.pnud.org.co



