Objetor de conciencia en la fuerza aérea: Michael Thurman, Estados Unidos

Michael Thurman fue reconocido como objetor de conciencia y dado de baja de las fuerza área estadounidense el 10 de junio de 2008, después de un proceso que duró ocho meses. Michael se alistó en la fuerza área durante el colegio en 2005. Cuando empezó su formación, empezó a dudar de su decisión, dudando de la guerra en Irak y todas las guerras en general. Aunque Michael se dio cuenta que no iba a ser directamente responsable por misiones aéreas de combate, sin embargo estaría ayudando indirectamente a los esfuerzos de la guerra. Habló con su supervisor y empezó el proceso para salir de la fuerza área. Ahora trabaja en la organización Courage to Resist (www.couragetoresist.org) ayudando a otros soldados que también quieren salir del ejército.
Michael cuenta que se alisto en la Fuerza aérea en el último año de colegio principalmente por su interés en conocer el funcionamiento de los aviones y por su deseo de ser piloto. Dada sus condiciones económicas le era imposible cubrir los costos de la matrícula en la universidad decidió alistarse en las Fuerza Aéreas.
Pertenecer al ejército “tiene un gran prestigio al interior de la sociedad Estadounidense. No solo te conviertes en un garante del orden y la estabilidad social, sino que te conviertes en un protector de la Nación, en un garante de la defensa de la vida al luchar en contra del “terrorismo”. Esta imagen es la que promociona el ejército en sus campañas y la que lleva a que muchos jóvenes quieran ingresar al ejército, además de los beneficios económicos que ofrece ser un soldado. El alistamiento en las fuerzas armadas es voluntario y el número de personas de clases socioeconómicas bajas que ingresan al ejército es altísimo. Piensan que es una salida que les mejorará la vida”, señala Michael. [1] Comenta que hay a veces oficinas del mismo ejército en los colegios, y que dictan cursos de entrenamiento militar para invitar a los jóvenes de formar parte de la vida militar. “Durante el verano tienen a veces denominados “summer camps”, donde jóvenes pueden estar varios días o semanas en cursos de entrenamiento militar.”
Durante su proceso de formación al interior del ejército empezó a cuestionar su decisión de ser militar. Cuestionaba profundamente la guerra en Irak y veía como el combate en los territorios extranjeros dejaba dolor, victimas y violencia. Si bien él no iba a ser directamente responsable de misiones aéreas de combate, quedó claro que estaría ayudando indirectamente a la guerra al colaborar con el mantenimiento técnico de los aviones.
Michael no entendía “como se podía hablar de democracia y de libertad, invadiendo, aniquilando y violando los derechos humanos a otros pueblos.” [2] Así se declaró en contra de cualquier guerra y decidió que no podía continuar su carrera al interior del ejército, “no podía pertenecer a una institución donde la vida humana no cuenta, y donde el derecho a la vida, deja de tener valor en sí mismo y empieza a ser mediado por objetivos políticos y económicos” [3]
Convencido de que no quería continuar en el ejército habló con su supervisor. Este le presentó la ley de objeción de conciencia al servicio militar de los Estados Unidos cuyo proceso Michael inició de inmediato. En primera instancia escribió una declaración sobre porqué abandonaba el ejército, la razón de declararse objetor y cómo sus creencias habían cambiado en el transcurso de su servicio. Tras su declaración como objetor de conciencia, fue visitado por un psicólogo “para que estuvieran seguros que no estoy loco” y posteriormente por un cura quien debía reafirmar y validar sus creencias morales y éticas. Tras estas valoraciones tuvo una audiencia con un oficial investigativo del ejército quien decidiría si se le otorgaba o no el estatus de objeción de conciencia. Todo este proceso demoró 8 meses, en cuyo periodo tuvo que trabajar como auxiliar de oficina dentro de la institución.
A pesar de que en los Estados Unidos el derecho a la objeción de conciencia está reconocido, salir del servicio militar no es sencillo: “En primera instancia porque se accede al mismo voluntariamente. Se supone que alistarse es un acto de conciencia íntimo y que la persona tiene suficientes razones para acceder y estar en la vida militar. Incluso, al entrar al ejército se firma un contrato y con ello aceptas pertenecer, justificar y cumplir las tareas que se asignen durante el servicio – entonces, declararte posteriormente objetor por convicciones religiosas, éticas, morales o políticas es difícil. Se tiene que demostrar, explicar y justificar las razones y como la decisión final sobre la solicitud se toma en el mismo cuartel militar, está a menudo es rechazada. Si tus convicciones o razones expuestas no sean consideradas validas tendrás que continuar en el ejercito, con restricciones en el cargo y señalamientos en el interior de tu unidad.” [4]
Esta es una de las razones porque muchos objetores tienen que ir a la clandestinidad o incluso al exterior, una vez que hayan tomado la decisión: “No es suficiente para el ejército que te declares objetor por tus convicciones; estas supeditado a que las mismas sean aprobadas o no. Esto representa una serie de violaciones al reconocimiento del derecho como tal, porque es muy difícil que otra persona militar juzgue o apruebe tu propia convicción. Mi organización “Courage to resist” trabaja precisamente en el reconocimiento y apoyo a los objetores de conciencia dentro del ejército, prestando apoyo político, emocional y material a todos los objetores militares y denunciado los problemas que causa la guerra”, concluye Michael.
La objeción de conciencia en la dictadura: Francesc Riera, España.

Otro de los invitados fue Francesc Riera de España. Desde los 15 años participó en actividades sindicales clandestinas en tiempos de dictadura de Franco. A los 21 años fue objetor de conciencia al servicio militar obligatorio, estuvo 9 meses en la clandestinidad y detenido en múltiples ocasiones por la Policía y la Guardia civil durante acciones públicas antimilitaristas. Desde 1992 fue fundador y coordinador del proyecto Colombia de Peace Brigades Internacional, tanto para Guatemala como para El Salvador. En El Salvador acompañó a sindicalistas, a madres de desaparecidos, desplazados internos y obispos; en Guatemala colaboró a comunidades indígenas. Actualmente trabaja en un Centro de Documentación del País Vasco, en un proyecto sobre las necesidades sociales para las personas presas o penalizadas y se dedica a la agricultura.
“Pepe Beunza fue el primer objetor español que se negó política y públicamente a incorporarse al servicio militar. Declararse objetor era sinónimo de irrespeto a la autoridad, de deslealtad y desorden social. Durante la dictadura franquista y después de ella era imposible cualquier discurso crítico contra el ejército. Introducir una forma de negación hacia la estructura militar era un acto de subversión al sistema y por tanto tenía que ser juzgado, reprimido y castigado. Con Pepe Beunza se dio inicio a una serie de luchas en contra de la militarización del país y se empieza a sentar las bases de lo que más tarde sería el movimiento de insumisión” [5].
Durante el periodo de transición a la democracia, la sociedad española empezó a cuestionar los valores que se habían edificado durante la dictadura. “No tenía sentido mantener una carrera armamentista, tras una dictadura, que había dejado violencia, desapariciones e intimidaciones.” [6]
Se empezaron a realizar campañas publicitarias en contra del ejército y de la guerra, de rechazo a la militarización de la sociedad y sus valores de control, censura y dominación. El Movimiento de Objeción de Conciencia en España empezó a coger fuerza y contó con mucho apoyo al interior de la sociedad española. Francesc señala que los “jóvenes en muchos lugares de España organizaban jornadas de movilización y sensibilización a favor de la objeción de conciencia, acciones disueltas violentamente por los militares y las fuerzas de orden público. Muchos de los objetores fueron llevados presos con una condena de 5 a 6 años. No obstante, desde las cárceles y desde afuera los objetores seguían manifestándose a favor del reconocimiento de las libertades y de la instauración de una verdadera democracia. Exigían la abolición total de los servicios obligatorios impuestos por el Estado. Otros planteamientos como la acción colectiva y el apoyo a la población más vulnerable, hizo que creciera la solidaridad aún más el apoyo de la sociedad hacia los objetores.” [7]
Así, toda acción realizada por el movimiento debía contener un proceso de formación y de información en lo que era la objeción de conciencia, la desobediencia civil y la no violencia. “El reconocimiento del derecho a la objeción de conciencia fue un proceso largo. Un proceso de resistencia y de movilización, en defensa de la vida, de la libertad y del rechazo a la guerra. Recordamos mucho una frase de Mario Benedetti: Uno no siempre hace lo que quiere, pero tiene el derecho de no hacer lo que no quiere. (Hombre preso que mira su hijo) [8]
Objeción de conciencia como una lucha política: Juan Carlos Obando, Ecuador

Otra de las experiencias fue la de Juan Carlos Obando miembro del grupo de objeción de conciencia del Ecuador, GOCE. Además de trabajar por la objeción de conciencia, apoyó campañas de reflexión y estudio sobre la base Militar Estadounidense en Manta Ecuador. Actualmente se encuentra trabajando y militando en el Servicio de Paz y Justicia del Ecuador SERPAJ-E, como coordinador del observatorio juvenil, área que trabaja el tema de política pública y juventud en un marco de cultura de paz y derechos humanos.
En el Ecuador el movimiento de objetores de conciencia ha trabajado no solo por la defensa del derecho a la objeción de conciencia frente al servicio militar obligatorio. Su objetivo es objetar a todos los nodos de violencia existentes en la sociedad ecuatoriana, bien sea por conflictos de género, étnicos, ambientales y de clase. Esto ha permitido un accionar y un trabajo pedagógico, político y comunicativo en la transformación de estas inequidades y problemáticas que afectan a la población en general.” [9]
Respecto al servicio militar obligatorio, la Constitución de Ecuador declara en su artículo 168 que el servicio militar es obligatorio. “El ciudadano será asignado a un servicio civil a la comunidad, si invoca una objeción de conciencia fundada en razones morales, religiosas o filosóficas. En este caso, el artículo establece la obligación de realizar el servicio militar y establece como alternativa al mismo la realización de servicio civil comunitario” [10]
El artículo 108 de la Ley de Servicio Militar Obligatorio, en particular, retoma la aceptación de la objeción de conciencia con previa justificación. Esta será calificada por el Director de Movilización de las Fuerzas Armadas quien determinara quien o no es objetor. Luego, los que sean declarados objetores han de cumplir su servicio en las unidades de desarrollo de las Fuerzas Armadas.
Estos artículos violan claramente los principios básicos del derecho a la objeción de conciencia – los objetores tienen que demostrar su condición de objeción y estar supeditados a ser o no aceptados, además de que quedaban sometidos al régimen militar por tener que prestar allí su servicio social.
A raíz de esto se presentó una demanda de inconstitucionalidad al servicio militar, en contra del artículo 108 y 88 de la ley del servicio militar. Según Juan Carlos "tras presentarse la demanda la corte falló a favor de los objetores y se declararon inconstitucionales estos artículos. Se exhortó al congreso adecuar la ley del servicio militar.” [11]
Posteriormente se inició la construcción de ley de un servicio civil comunitario, presentada el 24 de octubre de 2001. Según Juan Carlos, con esta “ley se buscaba que los objetores pudieran hacer su servicio social fuera del las instancias militares y enfocaran su trabajo en espacios comunitarios, desarrollando proyectos de participación ciudadana, programas educativo etc. En el marco de la ley se contemplaba que las personas que realizan el servicio civil comunitario tendrían los mismos beneficios que los del servicio militar. Además se proponía la creación de un Consejo nacional de objetores de conciencia para acoger y tramitar peticiones de objetores de conciencia y coordinar el servicio civil” [12] Estos fueron los primeros avances que se dieron en materia para regular el derecho a la objeción de conciencia.
No obstante, demoró hasta el 2008 que se reconoció como derecho fundamental la objeción de conciencia al servicio militar, a través de la construcción de una propuesta colectiva donde diversas organizaciones e instituciones juveniles participaron en la construcción del mandato juvenil para ser propuesto en la Asamblea Nacional Constituyente del 2008.
Producto de esto, los nuevos artículos en la Constitución Ecuatoriana quedaron así. Uno de los artículos aprobados fue: “El derecho a la objeción de conciencia, que no podrá menoscabar otros derechos, ni causar daño a las personas o a la naturaleza. Toda persona tiene derecho a negarse a usar la violencia y a participar en el servicio militar”. De igual manera se abolió el servicio cívico militar, además que todas las personas de las Fuerzas Armadas o las fuerzas policiales, si cometen un delito, serán juzgadas por la justicia ordinaria.
En este marco se inscribe la objeción de conciencia como un derecho fundamental que contribuye a la cultura de paz, donde ser objetor “es negarse a apoyar todo tipo de dominación, imposición y reproducción de la violencia. Es una opción individual y colectiva, que busca la transformación social a través de la libertad, el respeto a la diversidad y los derechos humanos. Por tanto es una opción por la vida” [13]



