Jóvenes: entre el reclutamiento y la expotación económica

Jueves 27 de mayo de 2010, de Red Juvenil Medellin

Este documento se construye a partir de un extracto importante del trabajo de monografía "Los derechos económicos, sociales y culturales de las juventudes en Medellín: Hacia una resignifación de su caracter fundamental", elaborado por Shirley Johana Ciro Flórez y Juan David Casas, para optar a titulo de abogados de la Universidad de Antioquia.

Desde múltiples espacios mucho hemos denunciado alrededor de las practicas del reclutamiento de la población joven en manos de los ejércitos legales e ilegales; así como de las difíciles condiciones socioeconómicas en que viven las juventudes de esta ciudad; y siempre nos habíamos referido a estos aspectos como fenómenos recientes, sin embargo, en esta ocasión queremos hacer mención especial de lo problemático que han sido históricamente estos asuntos para los y las jóvenes.

Sector juvenil en Medellín

El sector juvenil, que lo entendemos para este caso como las personas que están entre los 14 y los 26 años, atraviesan en razón de su edad y sus características físicas dos de los tormentos mas grandes y por tanto, ser joven hoy en Colombia, mas que representar la esperanza y la garantía de unos derechos plenos, es sinónimo de exclusión, violencia y lo peor, victimas manifiestas del reclutamiento y la explotación económica, incluso por parte del mismo Estado.

El reclutamiento practicado por las fuerzas militares por el mero hecho que sea legal, no quiere decir que sea considerado un acto aprobable y virtuoso para los jóvenes, quienes son obligados a ir a la guerra y las jóvenes que terminan en muchos casos siendo botín de combate. Igualmente los altos indicies de desempleo juvenil que en Colombia llega al 23.1% y el 94% de los que trabajan están en el mundo informal deja mucho que desear.

Sin embargo, es de mencionar que los fenómenos del reclutamiento y la explotación económica han sido históricos, y desde hace siglos se presentan, veamos algunos referentes al respecto.

Abstracto histórico

En la Grecia clásica, los hombres jóvenes fueron tenidos en cuenta por su gran potencial militar, esto generó que ellos se dedicaran a la educación y al disciplinamiento para que posteriormente alimentaran los ejércitos: los jóvenes eran símbolos de vitalidad y guerrerismo, algo similar a lo que ocurrió en Roma, allí se mantuvieron características asociadas con la juventud referidas a la academia y la milicia, incluyendo las artes y la producción, esto se dio hasta la consolidación del cristianismo, momento en el cual ellos fueron vistos principalmente como soldados que guardaban templos y se dedicaban a la colonización2, resaltado eso sí, que quienes tenían acceso a la formación eran pertenecientes a las clases altas, mientras que el común y los esclavos eran simplemente eso.

Estos momentos históricos muestran entonces tres condiciones que aun hoy se conservan en la practica social, ellos son, la disposición de los hombres jóvenes para la milicia, la educación y la producción; aspectos que muestran como el soporte para el sostenimiento de la guerra y la economía radicaba en la mano de obra juvenil, siendo importante mencionar que era una mano de obra masculina, pues las mujeres se encontraban excluidas de todo escenario publico.

El campo de la educación se encontraba dirigido en dos fases fundamentales, o para la religión o para el poder político que mas tarde se fusionarían por siglos; sin embargo, esta posibilidad solo estaba autorizada para los jóvenes que además de varones pertenecían a la alta aristocracia.

Esta condición de juventud de la Grecia clásica y Roma, era propia no solo de occidente, sino que en el mundo próximo de oriente, es decir, los actuales países árabes, si bien no había un reconocimiento de la condición de juventud, los hombres de poca edad también eran dispuestos para la guerra y algunos pocos para la preparación en el poder político.

Guerra y religión

Entre el siglo X y el XV, en el marco de las luchas religiosas en Europa, los jóvenes se afianzan como símbolos de guerra y protección de la iglesia católica, vistos como los responsables de la defensa del soberano y convertidos además en símbolos de belleza; fueron los jóvenes durante este periodo quienes conformaron los ejércitos de los feudos y la iglesia, los ejércitos de las templarios y las famosas cruzadas, pero al mismo tiempo quienes fueron gestando alternativas, criticas y desestabilizaron posteriormente el poder instituido en Europa y que se fundamentaba en el monopolio de la tierra y la fusión de la política con la religión.

Ésta visión guerrerista y subordinada del joven se fue deteriorando, los abusos militares, el aumento de la población en Europa y el decaimiento de la fuerza de la iglesia y los feudos, entre otros, hizo que los hombres jóvenes junto con las “meretrices” se convirtieran en personas vulnerables, peligrosas e insubordinadas, por lo tanto objeto de miedo y factor de riesgo para el mantenimiento del orden social, la paz y la salvación de la sociedad, y por tanto se va gestando una población juvenil irreverente y contradictoria del statu quo, alimentada además por las tesis del protestantismo, el calvinismo y la incipiente modernidad.

Es así como se inicia un fuerte control hacia las mujeres y los hombres jóvenes, las legislaciones se hacen más rigurosas y se busca disciplinar a aquellos débiles a los placeres e irreverentes al poder dominante; desde ese momento comienza el dilema sobre la percepción de las juventudes, pues algunos eran sinónimo del mantenimiento del estatu quo y otros de la desestabilización y por tanto de la peligrosidad para la sociedad, de allí que la condición de juventud represente gran diversidad de opciones, sin embargo, en ambos casos las dos características de este sector poblacional eran las mismas, milicia y explotación económica.

La "modernidad"

Para los inicios de la modernidad, las personas de clases sociales altas y medias encuentran oportunidad de dedicarse al estudio o al arte, mientras en las fábricas los niños, jóvenes, mujeres y hombres de clases bajas trabajan en condiciones infrahumanas, es así como la juventud se va diferenciando con respecto a la clase social a la que se pertenezca.

Para las clases altas la juventud será ese momento entre el fin de la adolescencia y la plena integración a la vida social, un lapso entre la madurez física y social; pero en el mundo “proletario”, la juventud constituirá un periodo de vida más corto y menos secuencial, el joven aparece como un buen trabajador, manipulable, maleable y dócil: el modelo del joven se ofrece al inicio de la modernidad especialmente para la clase pudiente, lo cual ocurre hasta el siglo XIX, época en la cual “ser joven aparecía como una situación de prestigio, incluso los signos juveniles se dirigían más adelante a una clase determinada”3.

Sin embargo, fueron también amplios sectores juveniles los que fueron gestando las revueltas burguesas y posteriormente las transformaciones en manos de las clases obreras y los movimiento sociales.

El siglo XX, caracterizado por grandes guerras, visibiliza nuevamente al joven como símbolo del guerrerismo, esto acompañado por los logros de los movimientos sociales que “(…) logran importantes desarrollos en relación con la vida de los jóvenes en países como Rusia, México, Inglaterra, Argentina, Francia y Estados Unidos, entre otros”4

Los derechos políticos de las juventudes, puede decirse, fueron reconocidos solo a partir de luchas de los últimos años en Latinoamérica, como la cubana y la de México en los años 60. Sin embargo “el peso de los jóvenes ha sido prácticamente nulo y en cambio estos terminaron favoreciendo otros grupos”5. Lo que sí parece importante es que para mediados del siglo los jóvenes en todo el mundo occidental representan una fuerza política transformadora y promisoria. A pesar de esto, “no existió a lo largo del siglo una posición de apertura desde el poder que naturalmente y sin necesidad de una presión social por parte de los jóvenes reconociera al joven como sujeto de derechos”6.

Los años sesenta del siglo XX

A mediados de los años setenta los jóvenes mostraron una gran simpatía con el movimiento insurgente latinoamericano y con la formación o fortalecimiento efectivo de los grupos rebeldes en la región. “ (…) Ello dio lugar a una especie de perdida de la identidad de los/as jóvenes, específicamente universitarios, recuérdese los casos de Argentina, México y chile en América latina”7.

Sin embargo, la dinámica social fue generando nuevos contextos y, por supuesto, una nueva juventud, pacifica, dócil, maleable; con expresiones culturales diferentes, en el marco de un orden mundial diferente. Nuevos líderes y representaciones distintas que implicaban unas características diferentes a las que caracterizaron los años pasados.

En Colombia, hasta bien entrado el siglo XX, la situación de los jóvenes era asunto de discusión de los padres de familia, las autoridades religiosas, civiles y políticas, pues se entendía que la juventud era indefensa y por lo tanto no podía dejársela sola, pese a que se les encomendara una importante participación en el campo militar y laboral, una visión similar a la tenida en la edad media en Europa.

Posteriormente los jóvenes se mantenían como ciudadanos de segunda clase -junto con las mujeres-, víctimas de expulsión y explotación laboral, o convertidos en “un pre-adulto adoctrinado que podía perpetuar y defender cualquier causa”8, aunque simultáneamente el joven era esperanza y cambio, movido por los extremos en los movimientos insurgentes y de ultraderecha. Esta característica se concreto incluso hasta después de los años sesentas.

En los años ochenta los/las jóvenes no son representados ya como iconos de la esperanza, sino como un peligro para la estabilidad social y, en el mejor de los casos, como potenciales consumidores. Particularmente en Colombia, el fenómeno de la violencia del narcotráfico y el sicariato, determinaron los tipos de intervención social del Estado y la población a la que se dirigían programas y proyectos públicos particularmente colonizados por políticas de seguridad y orden público. Hasta ésta época no se evidencia una intervención directa y sostenida en términos de garantía de derechos para las juventudes, sino que han sido simples respuestas puntuales a acontecimientos coyunturales.

Hacia el futuro

En el mundo actual, el nuevo escenario económico y político determinado por la transición que ha provocado para estos años un quebrantamiento de las estructuras económicas y sociales, el capitalismo triunfante en occidente, la caída del socialismo, la desorganización de los países emergentes, la expansión industrial cultural, la crisis de lo político, la represión de las expresiones juveniles alternativas, la consolidación de un modelo cultural conservador, la invisibilización de los jóvenes en el plano político, han llevado a que el/la joven se caractericen por “ (…) el desencanto y la desorientación”9.

Dos características particulares determinan la realidad juvenil en Latinoamérica: la primera es que los /as jóvenes de las clases bajas gozan de mucho tiempo libre, pero no para el goce, sino para la superación de sus condiciones socio económicas. La exclusión laboral debido a la estigmatización juvenil, la insuficiencia de cobertura y calidad de la educación, y la evasión de los gobiernos para realizar las reformas necesarias para la inclusión económica, social y política de todos y todas, es sinónimo de impotencia que empuja fácilmente a la marginalidad y la delincuencia. La segunda, es que la condición de juventud se posterga mucho más en las clases altas gracias a las posibilidades fácticas que se tienen para ejercer la moratoria juvenil.

Además de una juventud cada vez más heterogénea, importantes pero insuficientes avances como los mencionados se han presentado.10 La última década ofrece, en fin, un panorama desconcertante: la cesión a nuevas políticas internacionales, el silencio ante políticas antipopulares, el escepticismo frente a la participación política, la no intromisión en lo político, Jóvenes sin alto nivel de privilegio como en otrora, éstas son algunas de las características para este nuevo milenio en América Latina, a pesar de los ejercicios reivindicatorios que no representan a la mayoría de la población joven.

Para los años noventa en Colombia, el joven ya no aparece como transformador sino que comienza a verse en gran medida como altamente vulnerable frente a cualquier fenómeno; lo que hace que la vida nacional comienza a dirigirse a ellos con un papel. Se nota entonces hasta aquí que “lo juvenil no ha estado atado a una condición propia, es una forma de clasificar (en cambio) que se sale de la norma que lo moldea, que rompe el tazón que lo contiene”11. A estas dificultades históricas se le suma la tradición colombiana que impide el reconocimiento y el papel del joven como actor y protagonista, que propone y asume, como ejemplo de esto encontramos el proceso de participación y organización de base comunitaria y cultural gestado por movimientos juveniles específicamente en los barrios populares del país, y la organización estudiantil.

Hoy se presenta una amalgama de trabajos con jóvenes desde la perspectiva del protagonismo donde?, hasta las del proteccionismo y el alto riesgo como la participación en planes de desarrollo, planes de ordenamiento territorial, Casas de juventud, bienestar familiar, clubes juventud, mesas de juventud, programa presidencial Colombia Joven, viceministerio de la juventud, ley de juventud, entre otras. Los /as jóvenes ganan espacios en una dinámica diferente a la caracterizada durante las décadas pasadas. Ser joven significa, para la institución, estar en alto riesgo. Sin embargo, y pesar del trabajo con jóvenes desde la institucionalidad, estos/as siguen siendo objeto de una fuerte exclusión.

Por otra parte están los programas de juventud que tienen como población destinataria a los jóvenes participantes de grupos armados y bandas delincuenciales, los cuales concentran los grandes rubros destinados para juventud.

Las lecturas que por lo menos en la cultura occidental se han hecho de los y las jóvenes, remiten por lo general a las características de un sector específico de la juventud, definido por las tendencias culturales juveniles predominantes en algunos momentos. Este escenario complejo a terminado por configurar lo que los teóricos han llamado las culturas juveniles, expresiones culturales juveniles, subculturas, tribus urbanas y contraculturas que se constituyen como formas de asociación de grupos etareos más o menos similares. Como una conclusión importante es de mencionar que la condición de juventud ha estado desde las instituciones sociales atado a dos aspectos claves, por una parte el reclutamiento para que participe de la guerra vinculándose a los ejércitos sean legales o ilegales; por otro como potencial de mano de obra barata, anexándole a ello que en el mundo contemporáneo se ha agregado el fenómeno del consumismo.

E igualmente desde las mismas expresiones juveniles se ha caracterizado, por un lado una juventud que le hace el juego a esas instituciones sociales mencionadas, pero por otro, una juventud que resiste y persiste en la construcción y el sueño de sociedades distintas y por tanto que se opone a participar de los ejércitos, a ser mano de obra barata y a seguirle el juego al sistema.

Como joven cada uno está en la opción de elegir cuál de los dos caminos quiere seguir, lo cierto es que la tarea de la juventud en una sociedad esta mas asociada a la segunda, la idea de resistencia y de cambio, por ello, con este texto además de hacer nuevamente un llamado al reconocimiento histórico de la población joven, es un llamado a los jóvenes para seguir levantándose… pues ese es nuestro deber.

2 Ver en: HOYOS AGUDELO, Mauricio. A zancadas por la histeria de la juventud. Medellín, junio 30 de 2001. Corporación región. EN: modulo del diplomado sobre animadores juveniles.

3 En: MARGULIS, Mario y URRESTI, Marcelo. En la construcción social en la condición de juventud. Uruguay, 2003.

4 Ibid. p 43.

5 “(…) Los jóvenes aunque han liderado importantes avances para América latina realmente no se han consolidado como sujetos de derechos, es decir, como segmento poblacional importante con potestades propias como la mujer, el niño y los trabajadores. Aunque ha tenido avances en términos de educación por ejemplo. Los movimientos universitarios apoyaron otras luchas pero no lograron para si una titularidad específica de derechos. Y lo único obtenido fue un paternalismo que antes torno peligroso para los mismos jóvenes. En cuanto a satisfacción de necesidades propias no logro avances. En cuanto al tema no hay convenciones particulares, sino que es genérico. Solo los derechos del niño que protege hasta los 18 años y los derechos de la mujer que igual protege a los jóvenes hasta los 24 años. A nivel internacional, viene gestándose una propuesta para los jóvenes en particular. Si bien todos son titulares de los derechos humanos, notar los jóvenes con unos en particular los pone en primera línea de necesidad. Los jóvenes entre los 19 y 24 años quedan sin legislación específica a su favor…”. Ver en: BERNALES BALLESTEROS, Enrique. Situación actual de la legislación iberoamericana en materia de juventud y adolescencia. Ponencia presentada ante la OIJ, (organización iberoamericana de juventud) con motivo de la primera sesión de la comisión internacional de los derechos de la juventud y la adolescencia. Sao Paulo.

6 Urresti, Ibíd.

7 Ibid.

8 En hoyos, ibid.

9 En: La generación desencantada. En revista semana. Edición 1039 del 2002, abril 7.

10 En: RODRIGUEZ VIGNOLI, Jorge. Vulnerabilidad y grupos vulnerables: un marco de referencia conceptual mirando a los jóvenes. Proyecto regional de población CELADE- FNUAP, CENTRO LATINOAMERICANO Y CARIBEÑO DE DEMOGRAFIA (CELADE) DIVISIÓN DE POBLACION. Santiago de chile, Agosto del 2001. Publicación de naciones unidas.

11 Hoyos, ibid.

 
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