OPINIÓN - En la carrera 15 y en la carrera 30 de Bogotá hay grafitis al piso, como se dice ahora. Es decir, muchos. Unos, obras de arte: trazos precisos, contraste de colores, temas originales; otros incomprensibles: no son dibujos sino, digamos, grafos de un extraño lenguaje. Muchos son hechos en muros baldíos, otros sobre paredes de casas, tiendas, plazas. A mucha gente molestan, a otros encantan. Duran poco tiempo porque sobre los pintados, pintan nuevos. Algún grafitero me decía: “El placer está en pintarlo, no en conservarlo”. A veces la policía detiene a sus autores.
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