PRENSA - Todo hacía esperar que, al término de la guerra fría, finalizada la carrera armamentística entre las superpotencias, pudieran reducirse los gastos militares e invertir los "dividendos de la paz" en cooperación internacional y promoción de desarrollo global sostenible. No fue así: de nuevo los países más poderosos de la tierra crearon las condiciones necesarias para seguir incrementando las inversiones en armas y tecnología militar. Para fabricar armas... hay que fabricar enemigos.
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