PRENSA - Uno de los grupos poblacionales más explotados en este proceso de gobernar a través del crimen es el de los jóvenes. Son vistos con sospecha, al menos los de los sectores populares. Detrás de cada joven (marginal) se erige un ladrón o asesino en potencia y, por lo tanto, se endurece la respuesta estatal. El Estado colombiano dio un importante paso en 2006 al adoptar un nuevo Código de la Infancia y la Adolescencia, incorporando una visión algo más moderna de cómo encarar la conflictividad social que existe alrededor de la niñez y la juventud. Sin embargo, su implementación deja mucho que desear y su brazo penal, aunque predica protección, no hace sino ensanchar la frontera punitiva.
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