Entonces esta cosa va, por ahí, igual que un apéndice, sirviendo a las vidas de otros. Y nos vamos volviendo sombras dóciles, complacientes, espectros artificiales. Cuando de pronto el eco de nuestras propias voces, de nuestro silencio nos espanta y comenzamos a rebuscar las partes extraviadas en distintos lugares, recuerdos, rincones olvidados, días pasados, la infancia nos devuelve entonces la memoria, allí están las pistas del inicio de un extravío.
Desde la infancia se nos doméstica, es el momento en el que comienzan a determinar nuestra sexualidad y nuestro género; ¿Qué es ser mujer? ¿Qué es ser hombre? Entre el papá y la mamá se dan relaciones de poder que son una buena muestra de las relaciones de género, de la opresión de un sexo con respecto a otro. Nosotras somos el espejo, la representación de los roles de lo femenino y lo masculino, es decir, la reproducción, una definición sexual y una relación social.
Los roles de lo femenino y lo masculino se van imprimiendo, desde pequeños, en los cuerpos y en sus formas de concebir la existencia. Recuerdo cuando representábamos mi hermano y yo, el juego del papá y la mamá. Es como devolverse en el pozo del tiempo y ver cómo se es domesticada desde la infancia, cómo se va instaurando un tipo específico de lo que es lo femenino y lo masculino. Por eso cavé y cavé en la tumba de mí cuerpo silenciado para revivirlo.
Reinventar, incesantemente en las formas de ser, de estar entre nosotras, entre nosotros, repitiéndose: tiene que haber otra manera de existir diferente a que unos estén por encima de otras y esto no quiere decir que simplemente seamos todos iguales y ya, todo esta arreglado, no queremos ser iguales a los hombres, no queremos ser un retrato más de la heterosexualidad tradicional.
Desenvolver los hilos de la historia en los primeros años de la infancia, armar el rompecabezas de lo que justamente se quiere volver a romper y cortar los hilos por que por fortuna no todo permanece tan pasivo, en nuestros cuerpos hay ondulaciones y en la forma en que vamos decidiendo como queremos vivir.
Reconocer en estos hilos las relaciones sociales que sostienen la opresión sexual: Machismo, racismo, sexismo, patriarcado, género. Y descubrir que todo eso no está fijo, que eso que se llama destino y que pretende encerrarnos no es una identidad estable, es algo artificial instaurado en la repetición de unos actos que corresponden a un tiempo social. La niña repite, la mujer también repite naturalizando su opresión.
Luchar contra el patriarcado es nombrar las opresiones específicas sobre las mujeres, es volver a la vida, recuperar nuestro cuerpo, nuestra voz, nuestro rostro. Es crear e imaginar otras opciones éticas y sexuales en lo cotidiano, en lo que vamos siendo, en nuestras relaciones más próximas. Es buscar un arte de vivir, descubrir lugares diferentes a los asignados por la cultura, lugares de libertad y de creación, no creer en el destino, en que debemos ser sumisas, obedientes, complacientes, cuidadoras, reproductoras, débiles, domesticadas, dominadas…
Objeto a ser domesticada, a estar determinada por la cultura, objeto al dolor que implica ser mujer, objeto al lugar que se me asigna en esta sociedad, objeto a las relaciones que se basan en la supremacía de unos sobre otros, me niego a ser reducida a un objeto.
Tomado de: http://redjuvenil.org



